martes, 2 de julio de 2024

Hola! Volví a abrir mi blog

Mi último post fue un lejano abril del 2018. ¿Se acuerdan de la vida en esos tiempos? Era otro mundo. No había habido una pandemia global y en Chile no había ocurrido aún el estallido social, ni tampoco los procesos que a raíz de él se desencadenaron. Lo que es yo, tenía 25 tiernos años de edad, y me encontraba iniciándome en la vida laboral, llena de energía, proyectos y curiosidad. Creo que fue una buena época, aunque recuerdo que la radicalidad de la jornada completa fue una bofetada en mi inocente carita de motivación. (Hasta el día de hoy sigo en shock la verdad; cada mañana camino a la pega voy pensando con desdicha de cómo es posible que haya que trabajar tantas horas al día, tantos días a la semana, hasta la muerte o la jubilación - cualquiera de las dos llegue primero). Fue eso lo que me hizo dejar de postear: la falta de tiempo, el agote existencial después de jornadas de 8+ horas en la oficina. Quizás también el ánimo de volcar todos mis esfuerzos en esta vida de joven abogada que se abría ante mí.

Al rato después decidí cerrar mi blog al acceso público. En un principio fue para darme el tiempo de repensar esta plataforma, pero lo cierto es que nunca me di ese tiempo. Más bien, ocurrió que poco a poco se apoderó de mí una suerte de vergüenza de todo lo que he sido en el pasado y que ya no soy. Esto es algo que me pasó no solo respecto a mi blog, sino en general a mi vida: mirar con pudor/arrepentimiento cosas que he dicho/hecho en el pasado, y que ya no me representan en su fondo y/o forma (como cuando salían recuerdos en Facebook de los estados que uno ponía una década atrás (razón que me hizo borrar mi FB)). Y como en este blog he dejado registro escrito de un montón de historias y reflexiones que he tenido desde el 2011 – la mayoría de las cuales literal ya no recuerdo – este sentimiento terminó consolidando mi decisión de mantenerlo completamente privado, para evitar así tener que hacerme cargo en el presente de los dichos de la Magdalena del pasado. Todo muy obsesivo, lo sé, pero es la verdad. Esa ha sido la principal razón por la que he mantenido el blog cerrado los últimos 6 años.

Obviamente seguí cocinando durante ese tiempo, y de hecho, al tiempo de cerrar mi blog tomé la decisión de embarcarme en un gran proyecto: escribir mi propio libro de cocina. 

Necesitaba compilar todas mis recetas en un soporte único de fácil acceso – porque previo al libro, tenía mis recetas esparcidas por todas partes (en el blog, en páginas aleatorias de libretas viejas, en notas de mi celular, etc.); y además, quise codificar las recetas de mi abuela María. Ya que colecciono libros de cocina desde mi adolescencia, la idea de escribir uno yo siempre había sido como un sueño, aunque difuso y lejano. Hasta que en algún momento dije, bueno, ¿por qué no? Literal no hay nada que me impida escribir un libro de cocina. Así es que empecé a escribirlo.

Me demoré. Años. Porque lo escribía en mis tiempos libres que no eran tantos. Sin embargo, el año 2022 – para cuando la vida de joven abogada ya no me parecía tan atractiva como otrora - tuve un período de alrededor de 6 meses en donde trabajé de forma independiente, y me propuse aprovechar la flexibilidad horaria para terminarlo y auto publicarlo. Fue un gran esfuerzo pero muy entretenido y novedoso. Por cierto, que completamente amateur y artesanal; fui descifrando qué hacer a medida que avanzaba. Al fin, en diciembre del 2022 fui a la imprenta a buscar 50 copias de mi libro, “Cositas dulces”. He lo aquí:



El libro lo escribí con mi nombre real, el cual no revelaré por acá porque me encanta utilizar Magdalena Rojas como alter ego en línea. La portada se la encargué a la ilustradora María Jesús Contreras y la verdad es que me encantó; es todo lo pop que quería. Luego, trabajé con un diseñador para la diagramación, con un editor para su revisión, y después con una pequeña imprenta en Providencia para la impresión. Todos estos servicios los pagué yo de mi bolsillo. Imprimí tan solo 50 copias porque para eso alcanzaba mi presupuesto, pero también porque la pretensión de esa primera tanda era compartirlo solo con amigos y familia, cuestión que hice. Dediqué el libro a mi querida abuela María, expresándole lo importante que era para mí poder recrear las preparaciones con las cuales ella nos ha expresado su cariño a lo largo de nuestras vidas. Entregárselo fue un momento emocionante y feliz.

He seguido trabajando en el libro, afinando las recetas, detectando errores (que a pesar de las múltiples revisiones, me he dado cuenta que son muchos), pensando en formas de mejorarlo. Espero que haya una segunda edición, y anhelo poder compartirlo con más gente, porque estoy muy orgullosa de su contenido (y no, el libro no tiene fotos porque hacerlo con fotos habría sido un proyecto enteramente más complejo, para el cual no tenía ni la plata ni los conocimientos necesarios!).


A propósito de mi libro, me reencontré con los ánimos que me inspiraron a comenzar este blog, 13 años atrás: compartir mis pensamientos, conectar. Me di cuenta que he extrañado una plataforma para expresarme frente a la vasta y anónima internet. Por ello, este año decidí hacerme un Substack (que por si no lo conocen, es una plataforma de contenido escrito, donde uno se puede suscribir a otros creadores – algo así como una mezcla de Tumblr y Blogger). Mi usuario es Ponderaciones Magdalenas y he compartido algunas recetas (como la de las galletas de la foto a continuación), pero especialmente, reflexiones sobre temas de mi interés (he escrito unos pocos posts no más).


El asunto es que cuando me hice el Substack lo compartí desde el instagram de este blog (@magdalena_cocina). Y recibí tantos comentarios de personas comentándome que extrañaban mi blog y que apreciaban mis recetas! Me sentí muy bien uwu. Me halaga que haya quienes aún se acuerden de este espacio, a 6 años de su cierre, y me da alegría saber que mis recetas han servido para su propósito. Este amable feedback me hizo volver a pensar en este blogspot y en si acaso le estoy dando demasiado espacio a mi inseguridad crónica al mantenerlo cerrado por temor a haber escrito algo cringe hace 10 años. 

Y pues bien, como podrán ver, llegué a la conclusión de reabrir Magdalena Cocina. 

No he borrado ningún post anterior, así es que es muy posible que hayan cosas que ya no me representan. (Releí la review que hice del libro de la Daniela Castro, y dios mío, con qué vehemencia la escribí uwu. En la actualidad no escribiría tan duramente.) Pero tengo 31 años, es 2024 y siento que debo ser capaz de superar mis ansiedades al respecto, y aceptarme como he sido y como soy. 


Aparte de mantenerlo abierto para su libre consulta (y reactivar el correo e Instagram asociados), no tengo un plan específico para cómo seguir con Magdalena Cocina. Pienso que quiero volver a compartir recetas por acá (en vez de hacerlo por mi Substack – el cual mantendré para compartir otro tipo de reflexiones), pero en la medida que pueda, así es que no me comprometo con regularidades en este momento.  Quizás, una sección de review de tortas… No sé, por verse. 

Por de pronto, simplemente anuncio su reapertura. Así que a los que vuelven y a los que conocen este blog por primera vez: bienvenidos. Yo soy Magdalena, escribo desde Santiago de Chile y me encanta la mantequilla, pero aborrezco la margarina. Por acá comparto recetas y cositas de cocina.


domingo, 22 de abril de 2018

Queque de amapola y limón

La amapola es una planta muy genial en cada una de sus etapas. Florecida, produce bellas flores. Tras la caída de sus pétalos, de los bulbos verdes se extrae la resina a partir de la cual se hace el opio. Finalmente, una vez seca la planta, los bulbos contienen centenares de semillas, que extraídas, son un estupendo ingrediente para pastelería y bollería.

Este último producto de la amapola es el que nos convoca el día de hoy. En la forma de un queque. De semillas de amapola. Y de limón.


La combinación amapola-limón es típica, sobretodo en la pastelería gringa. No sé cual es el origen de la mezcla, pero lo cierto es que ambos ingredientes combinan de forma estupenda, resultando en un sabor delicioso y delicado. En el queque de hoy, el limón se hace presente de tres formas: primero, a través de copiosa ralladura en la mezcla del queque; luego, a través de un almíbar que embebe el queque tras su salida del horno; y finalmente, en el glaseado, que cubre de blanco la superficie del queque.

Desglosemos brevemente los elementos de este queque.

Partamos por queque mismo. Busqué varias recetas antes de llegar a la que hoy les comparto, pues he probado a lo largo de mi vida queques de amapola que son terriblemente densos. Personalmente, me desagradan los queques que son apelmazados, por lo que siempre intento buscar recetas que resulten en queques esponjosos y livianitos. Para lograr esas características, este queque lleva poca mantequilla y  lleva yogurt natural, ingrediente que  resulta en una migas tierna y deliciosa. Como adelantaba, el queque lleva ralladura de limón (procuren rallar solo la parte amarilla y no llegar a la parte blanca!) y, obviamente, las semillas de amapola.


Vamos ahora al almíbar, que es el elemento secreto de esta confección. Mientras el queque está en el horno, disolvemos ¼ taza de azúcar flor en ¼ de taza de jugo de limón recién exprimido. Cuando el queque esté listo, lo sacamos del horno y, aún en caliente, perforamos con una brocheta hoyitos a lo largo de su superficie. Y luego vertemos el almíbar anterior, el cual será absorbido por el queque rápidamente. Este paso adicional asegura un queque húmedo y ante todo, empapado de sabor a limón.

Por último, el glaseado. Son los mismos ingredientes del almíbar, pero en otras proporciones. La idea es un glaseado espeso, pero que chorree por los costados. Una vez que el glaseado se seca, éste se endurece, formando una especie de costra. Además de ser delicioso y de aumentar el sabor a limón, esta cobertura agrega una textura interesante.



El resultado final es este queque bello y rico. El queque es tierno y liviano, y pecoso de semillas de amapola, que aportan textura y un sutil y delicado sabor. Indudablemente, el sabor primordial es el del limón, el cual aporta frescura y acidez. Si bien una tajada será agradecida a cualquier hora del día, siento que este queque resulta especialmente apropiado para la hora del té, acompañado pues, de un taza de té.

Recomendadísimo.



Queque de amapola y limón

Receta adaptada de: Family Feedbag
Rinde: 1 queque horneado en molde rectangular de apróx 23 cms de largo

¾ taza de azúcar
Ralladura de 1 limón
55 gramos de mantequilla, a temperatura ambiente
½ taza de aceite vegetal (de sabor sutil, del tipo maravilla o canola)
2 huevos
½ taza de yogurt natural sin azúcar
1 2/3 taza de harina
2 cucharaditas de polvos de hornear
1 pizca de sal
3 cucharadas de semillas de amapola

1 receta de almíbar de limón (a continuación)

1 receta de glaseado de limón (a continuación)

Partir por precalentar el horno a 180ºC. Preparar un molde de queque rectangular, cubriéndolo con spray antiadherente, mantequilla o aceite vegetal, y cubriendo la base de éste con papel mantequilla.

En un bowl grande, mezclar el azúcar con la ralladura de limón, hasta que los aceites del limón impregnen a la azúcar y ésta esté húmeda y fragante. Agregar entonces la mantequilla, y batir hasta que se forme una crema. Incorporar el aceite y batir hasta que esté completamente combinado. Agregar los huevos, uno a uno, y luego el yogurt. Mezclar. Agregar los ingredientes secos (harina, polvos, sal y amapola) de forma gradual, e incorporando con una espátula. Mezclar solo hasta que esté todo incorporado; no sobre mezclar.

Verter la mezcla en el molde preparado. Hornear en el horno precalentado por alrededor de 1 hora, o hasta que al insertar un palito de mondadientes en diversas partes del queque, éste salga limpio.

Afuera del horno y sin desmoldar, perforar el queque caliente con el mondadientes o con un palito de brochetas varias veces. Verter el almíbar de limón encima, tratando de esparcirlo a lo largo del queque.

Cuando el queque se haya enfriado y se encuentre a temperatura ambiente, desmoldar. Cubrir con el glaseado de limón.

Almíbar de limón

¼ taza jugo de limón recién exprimido
¼ taza azúcar flor

Mezclar hasta disolver el azúcar.

Glaseado de limón

1 taza de azúcar flor
1-2 cucharadas de jugo de limón recién exprimido

Mezclar ambos ingredientes hasta alcanzar la consistencia deseada.

lunes, 26 de marzo de 2018

Torta Panqueque Chocolate - Mazapán: todos los pasos y secretos!


Hace ya un buen tiempo que esta receta ha formado parte de mi recetario de recetas favoritas, y no la había puesto acá, no de egoísmo – jamás, por Dios -, sino que de latera, porque la receta es eterna de larga (este post escrito en Word, sin fotos, tiene 5 planas). Pero al fin me armé de motivación para escribirla, y me llena de gusto poder hoy compartir esta magnífica receta y sus secretos. Amigos todos, hoy vengo en compartir la receta de esta Torta de Panqueque Chocolate - Mazapán.


Si jamás han probado esta confección celestial, les contaré que se trata de lo que parecen infinitas capas de panqueques de chocolate, entre las cuales se intercala la santísima trinidad de los rellenos deliciosos de torta: mazapán, manjar y mermelada de frambuesas. Es una pequeña maravilla, tanto a nivel estructural (¡miren todas esas capas!) como de lo riquísima y opulenta que es.

(Por cierto, las fotos de este post son un mix de diversas ocasiones en las que he hecho esta torta, por si a ratos notan una incoherencia entre ellas!)


martes, 20 de marzo de 2018

Suspiro limeño con salsa de berries

Pocos postres son tan conocidos y adorados como el suspiro limeño, deliciosa confección de nuestros hermanos peruanos. La preparación tradicional del postre consiste en una tersa capa de manjar blanco, hecha a base de leche condensada, leche evaporada y yemas; seguida de una capa voluptuosa y sedosa de merengue. Nada hay de malo en esta versión clásica, pero hoy vengo en ofrecerles una versión diferente: suspiro limeño con frutos rojos.


La novedad es que, entre las dos capas antes descritas, se le agrega una capa de salsa de frutos rojos. Se trata de una simplísima reducción de berries (frambuesas, arándanos y frutillas), ácida, fresca y deliciosa, que queda encapsulada entre el manjar blanco y el merengue.

lunes, 15 de enero de 2018

Queque de duraznos y migas

En esta época, en la cual la madre naturaleza nos bendice que tanta fruta maravillosa, jugosa, fresca y dulce, parece un sinsentido preparar cualquier cosa sin agregarle alguna fruta veraniega. Así pues, un casual antojo de un queque casero derivó en este queque de duraznos y de migas, deliciosa y estival confección.